04 junio 2020


HACIENDO MIS PINITOS COMO PROFESORA DE YOGA



Acabo de hacer mi primer intento de dar una clase de Yoga Ashtanga.
Amablemente mi vecina  y una amiga suya se han prestado voluntarias.
Al principio estaba nerviosa, y me aturullaba con todo lo que tenía que decir, o venían otras cosas a mi boca que no había planeado decir.
Pero, las dos mujeres son super simpáticas, han hecho todas las preguntas que tenían que hacer, han dado todos los avisos que tenían que dar, (virtud alemana, nunca les da pereza quejarse) y aunque la clase no tenía nada que ver con Ashtanga, porque era muy difícil establecer un ritmo y que se siguiera, me he divertido, era genial verlas intentar las asanas con esa inocencia e interés.
No creo que vuelvan, porque aunque una de ellas lo hacía muy bien, para la otra, que justamente es mi vecina, era muy difícil y claramente no era lo suyo. Aun así se ha divertido, así que misión cumplida. Muchas gracias a mi marido por ocuparse mientras tanto de Óscar y hacerlo posible.

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